
A pesar de las previsones meteorológicas
de lluvia y bajada de temperaturas
en seis o siete grados,
tuve la audacia de tomarme permiso
para disfrutar el "acueducto" del Pilar.
Mi inmenso amor al mar y la playa
me lleva a saborearlo
en todas sus facetas y estaciones.
Me da igual que esté gris o azul,
nublado o soleado,
tranquilo o bravío.
Pues bien,
ha sucedido un milagro en el mar:
a treinta kilómetros en una y otra dirección
ha diluviado en forma peligrosa
mientras en "mi mar"
la arena ha estado cubierta por cuerpos al sol,
relajados ante la perfecta belleza marina
bajo un sol que ha iluminado cariñosamente
a los que nos hemos acercado a gozarle.
Ha sido increíble,
estamos a mediados de octubre
y la temperatura ha sido magnífica
para disfrutar del aire libre.
La naturaleza es así,
maravillosa, inesperada...
un regalo divino.