
En la Misa de ayer,
tercer domingo de Adviento,
me llamó poderosamente la atención
el mensaje de esperanza y alegría
que impregnaba la primera Lectura.
Tal vez porque mi espíritu
necesitaba sosiego,
mi alma se debatía en tristezas
y la palabra de Dios me confortó.
Siempre me ayuda.
Decía la lectura del libro de Isaías:
"El desierto y el yermo se regocijarán,
se alegrarán el páramo y la estepa,
florecerá como flor de narciso,
se alegrará con gozo y alegría...
...se despegarán los ojos del ciego,
los oídos del sordo se abrirán,
saltará como un ciervo el cojo,
la lengua del mudo cantará.
...pena y aflicción se alejarán"
Es la palabra en el mensaje de Dios
que jamás nos abandona.
FELIZ DIA