
Sobreviven los recuerdos
plenos de verso, de gozo y de remordimientos.
La mirada se encadena a cada pieza
que fue testigo de placer intenso.
El recuerdo perdura vibrante,
melancólico y bonancible;
el recuerdo vive hermoso,
traslúcido y sereno.
Se ha quedado sobre el sofá,
en los azulejos de la ducha,
sobre la almohada fragante,
en el vaso con tus huellas,
en el hueco tras la puerta…
en la mano que se despide
y dice adiós, adiós para siempre.
No volverás. No volveré.
Terminó el amor prohibido.
Jamás nos recuperaremos.